El Florero sin Llorentes: La XIII Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en Valledupar, Cesar
- Camilo Ochoa
- 25 jul 2024
- 4 Min. de lectura

A la memoria de Francisco Talero
¿Qué pasa por la mente de una marica sintiente cuando sale a marchar el día del orgullo?
En los pasos que ellxs recorren en las calles están las horas de insomnio, pensando cómo lograr conseguir trabajo sin el miedo a ser violentadas; están cada uno de los momentos en los que ha soñado con tener una familia y vivir el amor de pareja. En esos pasos están esas palabras que aún no logran ser verbalizadas para nombrar cada experiencia de disminución; las historias de tantas hermanas asesinadas o que no quisieron seguir viviendo. Pero también está presente la templanza en un cuerpo que se levanta y se pone de pie ante un escaparate para escoger la ropa que va a usar ese día, una extensión de ese grito profundo de libertad.
En sus pasos van los esfuerzos de sus madres, las que van a la tienda del barrio por hilo, aguja, gota mágica y los materiales que necesitan para la pinta que quieren usar; ahí van con ellas la compañía de esos amigxs que le ayudan a crear el cartel que van a alzar en la calle con las fuerzas que le quedan, mientras escuchan "Florecita Rockera" y "Bolero Falaz" en las salas de sus casas. En esa nueva salida a la calle está la presencia de los que nunca pudieron asistir a una; en ese andar está presente la imagen de esa mejor amiga embarazada, ayudándole a coser las flores del top que se va a poner... Es un parto anunciado, de esa parte tornasolada de un pueblo con hambre de vida.
Así se sentía el planeta Tierra en mi cabeza mientras armaba el performance andante con el que salí: JARDINERA. Una manifestación personal, sobreviviente al tedio que causan los intentos fallidos de trabajar dignamente, de llevar mi arte a los escenarios y espacios comunitarios, pero que no ha sido posible. Fue un negocio mental con las pocas ganas, un poco restauradas al escuchar a la bióloga Brigitte Baptiste en su TedTalk de 2018 en Buenos Aires, Argentina:
"Nada más cuir que la naturaleza"
Me bastó su voz y su firmeza para sumarle lo que sería el motivo principal para asistir, un legado impregnado en mi alma que quería experimentar: mi amor por el carnaval de Barranquilla y el contacto de sus reinas con el público en la batalla de flores, al lanzarle claveles y rosas de todos los colores. El 30 de Junio de 2024 fue el día. Se llevó a cabo la décimo tercera versión de la Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en Valledupar, partiendo del monumento de Los Poporos hasta llegar a la avenida Simón Bolívar, terminando en plena calle, esquivando los vehículos mientras bailábamos. Así, sin más ni más.
Y sí, la marcha en Valledupar sí que es una batalla, sin florero para todas las rosas, los claveles, las margaritas, las cayenas, las trinitarias... Porque recursos para un esquema completo de seguridad, para un punto que sirviera como centro de acopio y a su vez como escenario de clausura artística, no hubo. Los carros y las motos nunca respetaron el paso natural del recorrido y el temor de ser atropellados (más) era constante. Sin embargo, la labor de la Fundación Matices, quienes vienen organizando el evento desde 2011, esta vez junto a Caribe Afirmativo, han ido sensibilizando a una población vallenata cada vez más interesada y menos agreste.
Es una marcha a pulso y quizá en contracorriente. Sin el respaldo verdadero de un gobierno que nos mira cuando les conviene para montar ante los medios de comunicación una falsa imagen de inclusión. Somos más que una lista de tareas del plan de desarrollo territorial. Los procesos de educación en cultura ciudadana se necesitan cada vez más. No únicamente en las fechas conmemorativas a nivel mundial. Es todo el año porque todos los días del año nos matan de cuerpo y de mente. Pero no hay recursos específicos o quizá no quieren que los haya.

Jardinera resultó de un deseo de abrazar la ira y la inconformidad. Un performance en el que quería expandir el acto de dar. Quería mirar a los ojos a cada unx y decirnos en un abrazo lo que sentimos sin pronunciar palabra alguna.
Cada instante de cercanía para entregar una flor se sintió glorioso. Como si me quitaran de la espalda todas las piedras que nos han tirado. Una oportunidad para llenar el asfalto con una alfombra de esos pétalos que me habitan. Una entrega musicalizada con clásicos del Porro, interpretados por la banda que acompañaba a la delegación de Becerril y en la que me colaba de a ratos.
Fue sorprendente. No sabía cómo iban a reaccionar. Creo que no estamos listxs para recibir aún. Nos acostumbramos a pelear por un lugar merecido desde nuestro nacimiento y así nos hemos ido acostumbrando a estar preparadxs para defendernos, restándole lugar a lo suave. Las caras de lxs amigxs al recibir las margaritas de colores eran de sorpresa, porque la deuda que el mundo tiene con nuestro derecho a vivir la ternura es impagable.
Todavía no tenemos la marcha soñada, pero podemos desde nuestro rinconcito aportar un poco al crecimiento de esta y no quedarnos esperando a que pasen los años en un tiempo que no regresa.
La marcha es el momento para sentir, a través de los abrazos y sobaditas de espalda, que lo que queda es construir juntxs con los retazos que tenemos, la casa soñada que todes queremos tener.

Editxr Camilo Ochoa
Gracias por cada palabra Cami. Gracias Andariega. Pude sentir el recorrido de la marcha a través de los sentires expresados, caminar el recuerdo de algo no vivido en carne. Cuán necesario es nombrar cada paso, reivindicar la ternura, apapachar cada piel de lxs seres arcoiris. 🍀